Xuaem M.
Tirado Ramos
Estudiante
de Periodismo
Universidad
del Sagrado Corazón
EDITORIAL
Con luces y cámaras, pero sin acción
El establecimiento y desarrollo de una industria
cinematográfica con el propósito de fomentar la cultura es uno de los retos más
grandes que enfrenta un país y en Puerto Rico no somos la excepción.
Ciertamente, mantener una producción de cine que se establezca bajo los
paramentos de “boyante” y que al mismo tiempo enmarque la esencia autóctona de
un lugar determinado, es un privilegio. Es una prerrogativa que solamente los
países desarrollados y sin restricciones para llevar a cabo las expresiones
artísticas, pueden disfrutar.
Desde hace varios años, la industria del cine puertorriqueño se ha resumido en las grandes “hazañas” que representa el rodaje de las películas extranjeras en la Isla y los beneficios económicos que éstas traerían.
Desde hace varios años, la industria del cine puertorriqueño se ha resumido en las grandes “hazañas” que representa el rodaje de las películas extranjeras en la Isla y los beneficios económicos que éstas traerían.
Son esas villas y castillas las que han disfrazado a diestra y siniestra
los problemas que ocurren dentro de la Corporación de Cine de Puerto Rico
(CCPR), quienes tienen a su cargo la tarea de salvaguardar los intereses
cinematográficos boricuas y la preservación de la cultura por medio del séptimo
arte.